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Obesidad Emocional ¿Existe?

Obesidad Emocional ¿Existe?

Nuestro entorno genera sobre nuestro organismo reacciones diversas a las que denominamos emociones, estas reacciones en ocasiones generan cambios orgánicos que pueden afectar desde nuestro sueño hasta la forma en que comemos. En efecto, nuestras emociones influyen tanto en la cantidad de alimentos ingeridos como en su calidad. Sobre esta premisa está basado el término de obesidad emocional.

Aunque muy poco estudiado, este efecto está siendo tomado en cuenta por especialistas en el área de nutrición y psicología, en su libro “Obesidad Emocional: Cuando tu mente te hace engordar” Diana Andere y Enrique Sánchez plantean que la respuesta está en nuestra mente, que existen razones afectivas motivadas por nuestra emociones que generan la necesidad de comer, de buscar gordura y evitar la actividad física y que el trabajo está en identificar el origen de esas emociones y en como contrarrestarlas.

Otros autores sostienen que algunos trastornos del comportamiento alimentario pueden tener un origen en factores emocionales. El picoteo por ejemplo, que es comer sin pensar y sin tratarse de una respuesta a una necesidad, o el ansia que es una sensación imperiosa de hambre, son algunos de estos trastornos.

Por otro lado está la parte química de nuestro organismo, es un común denominador que las personas que están bajo constante estrés tiendan a ganar peso, esto se debe a que la respuesta de nuestro organismo a estas situaciones es secretar cortisol, la cual provoca que acumulemos grasa como respuesta propia del organismo a mantener reservas calóricas.

Eliana Silvestri en su publicación “Aspectos psicológicos de la Obesidad” comentan que existen factores psicológicos y familiares que puede originar obesidad. Plantea a la obesidad como una manera de evitar situaciones deseables, usando como excusa la obesidad para no lograr aquello que se desea. También habla sobre el valor simbólico de los alimentos, asociándolos a recuerdos, personas y emociones.

Igualmente esta la obesidad como forma de castigo y como mecanismo evasivo, ambos asociados a la reacción inconsciente ante una determinada situación. En casos particulares existen mujeres que se resisten a adoptar el papel femenino que la sociedad le otorga y usan la obesidad como manera de destrucción de la figura femenina.

Está claro que nuestras emociones influyen directamente en nuestro bienestar, y es lógico pensar que nuestro peso también está afectado por diversas situaciones y cómo las afrontamos. Lo cierto es que cada caso es particular y es posible que la misma situación cause reacciones distintas en dos personas. Así que, si las dietas y el ejercicio físico no han hecho mella en eso kilos de más, quizá la respuesta esté en tu mente.

 

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